jueves, 28 de noviembre de 2013

La cena de los idiotas


Siguiendo con el tema de la anterior entrada, otra cosa que cambia radicalmente en tu vida una vez que tienes niños es la comida y tu alimentación. Aunque el tema de esta pieza de teatro (convertida en película, aunque os recomiendo encarecidamente leer el original que no tiene desperdicio y es de risa continua garantizada) no tenga nada que ver, de nuevo creo que el titulo corresponde a la temática.

Antes de que la llegada de los minis, comer y la comida no tenían nada de especial a comentar. Te gustaba la comida y comías. Preparabas la cena y te sentabas a cenar tranquilamente. Ibas al supermercado, comprabas tu comida y te la comías. Ibas al restaurante, pedías lo que te apetecía y te lo comías tranquilamente…

Fue llegar la mini-mayor y esta experiencia tan sencilla sufrió un cambio radical. Los tres primeros meses, comer, lo que se dice comer, no comes. Planear una cena o sentarte un minuto entero a la mesa es misión imposible. Un bebé requiere toda tu atención y cuando un recién nacido tiene hambre/pis/caca/sueño/ganas de ti, hay amiga, es ¡AHORA!! No, no puede esperar medio segundo y además ya estas tardando. Así que, estés haciendo lo que estés haciendo, hayas podido alimentarte tu o no, tu bebe es prioridad absoluta. Si a eso le sumas el “expatriamiento” con su falta de apoyo, y un germano que es un as en muchas cosas pero lo de cocinar no es lo suyo…

Total que me pasé esos meses con la teta fuera (lo cual por cierto da mucho hambre), multitasking, y comiendo cuando y lo que podía…

A partir de los seis meses, y con la llegada de los sólidos, te empiezas a plantear muchas cosas que hasta entonces no habían tenido ninguna importancia para ti: cuales son las mejores combinaciones para papillas, cual es el mejor método de preparación, cual es el valor nutricional de cada alimento… Vamos, de la noche a la mañana te conoces al dedillo las vitaminas y minerales de todas tus preparaciones, las combinaciones más adecuadas para que el bebé absorba todos los beneficios, y las técnicas de alimentación más variada para que la mayor parte de la preparación acabe en la boca del amado querubín y no por el suelo y las paredes de la casa.

Mientras tanto, lo que tú puedas o no comer… ah, ¡se siente! Porque de nuevo la prioridad es tener las papillas preparadas y como el bebé todavía no puede comer lo mismo que un adulto, pues son los adultos que acaban comiendo purés. Ah, esas románticas cenas a la luz de las velas compartiendo una deliciosa crema de coliflor con pollo cocido…

Cuando por fin llegas a esa etapa en que tus mini-seres pueden compartir el mismo menú que sus progenitores y por fin puedes recomenzar a preparar esos platos de toda la vida que tanto te gustan y alimentarte como un ser normal de tu edad:
  1. Ya no sabes lo que es comer tranquilamente y engulles como una energúmena, no vaya a ser que en el siguiente minuto te toque levantarte cinco veces y se te enfríe el cocido.
  2. Te pasas la velada repitiendo las siguientes frases: “por favor, siéntate bien y come”, “en la mesa no se juega”, “no te limpies con la manga, tenemos servilletas”, “te puedes estar quieta y comer”, “por favor, mastica y come despacio que te vas a atragantar”, “por favor termina de una vez que nos van a dar las tantas”, y un largo etcétera que hace que cualquier conversación medianamente inteligente e inteligible con tu partenaire sea absolutamente imposible.
  3. Te sirves siempre lo peor. Si, te matas a cocinar, te desvives porque a toda la familia le guste tu preparación y no dejar demasiado desastre en la cocina para el germano, y aun así, si hay que elegir, siempre te servirás el trozo con peor pinta, el lado que se te quemó, el final de la cazuela, la porción más pequeña… Lo que por otro lado no impedirá que lo engullas en medio minuto para poder ocuparte de los pequeños…
  4. Acabarás comiendo los restos que quedan en esos coloridos platos de IKEA, donde puedes encontrarte babitas varias y que por supuesto ya están fríos como el hielo…

Total, que cualquier ocasión se convierte en una cena de idiotas donde ¡tú eres la invitada de honor!


Besos y abrazos J

PS: Y puesto que os he hablado indirectamente de lectura y de cocina, aprovecho para auto promocionarme y recordaros que tengo dos pestañas del blog dedicadas a estos maravillosos temas J
A mí también me gusta leer: http://amitambienmegustaleer.blogspot.be/
Y también me gusta cocinar: http://tambienmegustacocinar.blogspot.be/


lunes, 25 de noviembre de 2013

“The Cuckoo’s Calling” (Robert Galbraith, aka J.K. Rowling)


Ya sabéis que soy una gran fan de todo lo que escribe J.K. Rowling, la autora de Harry Potter (¡qué tiempos aquellos leyendo la saga!), y siendo ésta su segunda novela para adultos (de la primera, “The Casual Vacancy” os hablé aquí), no he podido resistirme. Además de que, según parece, su intención era publicar esta novela bajo seudónimo (como así ha sido) y sin que nadie supiera que detrás del tal Robert Galbraith estaba ella… Al utilizar la misma agente literaria y editorial, parece que levantó las sospechas de algún periodista bien informado y la verdad salió a la luz, disparando las ventas de esta novela que por otro lado ya había recibido muy buenas críticas. Al grano. Quizá yo tenía las expectativas muy altas porque a mí me ha decepcionado un poco, como digo, me esperaba más. Se trata de una novela policiaca que transcurre en Londres, tiempo actual. A mí el tema del crimen no me ha apasionado demasiado, y la trama y conclusiones de la historia al final, pues tampoco me han impresionado… Por el lado positivo diría que me ha gustado mucho que le ritmo de la novela fuera constante durante toda la historia (lo cual se agradece porque me parece que ocurre a menudo que la historia tiene un ritmo y de pronto en los dos últimos capítulos la cosa se acelera de manera desproporcionada). Pero por el lado negativo diría que el ritmo en si me ha parecido un poco lento… quizá la trama no daba para más si pretendía rellenar un número determinado de páginas. También me ha decepcionado su descripción de los personajes principales, en el sentido de que lo que más me gusta de ella es precisamente su capacidad de meterse en la piel de cada personaje y hablar en su nombre de una manera tan realista, tan completa… y en esta novela para mí no lo consigue. El personaje principal es el que más se salva, más o menos, pero desde luego los otros no, y a ninguno les ha dado todas las dimensiones que podría… En fin, que yo daba por sentado que os la iba a acabar recomendando, y la verdad es que no estoy tan emocionada. A ver, sigue siendo una novela entretenida y bien escrita, se deja leer fácilmente y es correcta, pero sin la grandeza de la que yo creo que la autora es capaz.

Buena lectura J

Buenas noches y buena suerte


El titulo de esta película (excelente por cierto) refleja perfectamente uno de los aspectos, para mí, más trascendental de cómo te cambia la vida al tener hijos: las horas de sueño.

Si antes de tener hijos, te metías en la cama y con una sonrisa en la cara y un piquito dulce le deseabas a tu pareja simplemente “buenas noches” (a lo que el muy osado podría incluso contestarte ¡“así serán”!), una vez que los churrumbeles aparecen en tu vida, la cosa cambia, y con el cansancio acumulado del día y unas ojeras más negras que el carbón, lo máximo que aciertas a decir ahora es un ¡“buena suerte”! y apretar mucho los ojos deseando dormirte lo antes posible (lo cual no es muy difícil) porque cada minuto de sueño ahora cuenta. Como oro en paño.

Yo no sé vosotros, pero a parte de algunas historias extraordinarias y difíciles de creer de bebés de un día que ya duermen la noche entera de un tirón (y si alguien por ahí es el feliz genitor de uno de estos especímenes, por favor que NO se manifieste, jejeje), yo llevo seis años sin saber lo que es dormir 8 horas de un tirón.

Primero era la barriga de embarazada sumada a una incontinencia remarcable, después fue dar el pecho, el biberón, cariñitos, toses y enfermedades varias, mamá pipi, mamá frio, mamá calor, mamá miedo, mamá quiero dormir contigo, ¡mamá! “ah no, estoy hablando dormido”… ¡No hay noche bendita en la que no me despierten los minis por una razón o por otra! (y al decir minis, léase SOBRETODO pocho, que tiene una energía que ¡para mí quisiera yo!)

Y por supuesto, las poquísimas y contadas excepciones en las que no se oye ni mu en toda la noche, soy yo la que duermo mal por algún malestar, o que me tengo que levantar a horas intempestivas por algún viaje u otro menester.

Lo peor es que, tal y como lo veo, esto va para largo, porque desgraciadamente soy de esas mamás que no puedo dormir tranquila sin saber que mis polluelos están sanos y salvos en sus camas-niditos, así que, ¡qué va a ser de mi durante los años de adolescencia y salidas nocturnas!

Buff, me quedan otros diez o quince años de no pegar ojo como es debido…



Besos y abrazos J


viernes, 15 de noviembre de 2013

M A G D A L E N A S

Este fin de semana he hecho magdalenas por primera vez en mi vida. Ya había hecho una vez unas cup cakes (que por cierto me quedaron regulín), pero nunca había hecho magdalenas-magdalenas de toda la vida. Y es que me quedaron GENIAL, aunque lo diga yo (bueno, y los minis, que son ¡muy exigentes!).
Quería probar a hacerlas porque ya se acerca el cumple del pocho y he pensado que este año para llevar al colegio prefería hacer directamente porciones individuales que el típico bizcocho que después la señorita tiene que cortar, etc-etc. Le diré que en la que le toque al mini le ponga una velita y ¡ya está!
Además son ideales para la merienda y se conservan súper bien guardaditas en una caja de latón J
En fin, al grano.
Ingredientes: 4 huevos medianos, azúcar blanco (125 gr), leche (50ml), aceite de oliva suave (100 ml), ralladura de un limón, harina de repostería (200 gr), una pizca de sal y un sobre de levadura química (16 gr). Además he utilizado un molde como el de la foto. Con estos ingredientes a mi me ha dado para doce relativamente grandes.


Sacar los ingredientes refrigerados antes para que estén a temperatura ambiente antes de empezar. Empezamos batiendo los huevos, añadimos el azúcar batiendo, después el aceite y la leche, siempre batiendo. Seguidamente añadimos la ralladura del limón, después la pizca de sal, y finalmente la harina con la levadura tamizada. Y batimos todo bien. Es importante que batamos bien para que la masa quede lo más aireada posible. Se deja reposar la mezcla en el frigorífico una media hora. Poner el horno a precalentar a 220° arriba y abajo. Sacar la mezcla del frigo, batir una última vez, y distribuir en el molde (con o sin papelitos, yo lo hice sin) a dos tercios de cada hueco. Meter en el horno, bandeja en el medio, ahora a 200° arriba y abajo. A los 15 minutos ¡están hechas! Yo los últimos 2 minutos cambié la opción a calor solo arriba porque me parecía que por abajo ya olían a hechas pero por arriba todavía estaban blanquitas. Una vez sacadas del horno, dejarlas enfriar completamente (una hora por lo menos) antes de sacarlas del molde (sobre todo si como yo, no utilizáis papelitos, sino posiblemente las podréis sacar antes).
He aquí el resultado J ¿Qué os parecen? 
Para el cumple del mini-menor me gustaría intentar alguna variación, a ver si me da tiempo a ensayar alguna cosita. Si tenéis ideas sencillas, por favor ¡dejadme un comentario!
Bon appétit J

jueves, 14 de noviembre de 2013

Sorteo Internacional

¡Hola!

Hoy vengo a hacer eco de un sorteo por la blogosfera y que es ¡INTERNACIONAL!! Y es que a las pobres expatriadas nos tenéis muy abandonadas en los sorteos y demás (ejem, ejem, véase amigos invisibles de Navidad ¡por ejemplo!)

Os invito a que lo consultéis en la página de "A bilingual baby" en este enlace:

El sorteo mola mogollón, son libros para practicar yoga con niños y te los puedes llevar ¡en inglés o en español!




Ya os conté yo aquí, que a mí esto me interesa mucho, además de que una menda practica yoga todos los viernes, nada más y nada menos que ¡a las 7 de la mañana! ¡Eso es amor verdadero!

Venga, pues a participar y ¡mucha suerte!
  
Besos y abrazos J


martes, 5 de noviembre de 2013

Al mal tiempo…




¡Buena cara! (y al buen vino no eches agua… eso de regalo, jejeje)

La primera pregunta típica cuando un español se entera de que vives en Bélgica es… ¿y qué tal llevas el mal tiempo? Y la primera pregunta típica cuando un belga o extranjero aquí se entera de que eres español es… ¿y no echas de menos el tiempo español?

Jajaja, en fin, hablemos del tiempo.

Pues si, en Bélgica, mayoritariamente el tiempo es una caca, para que lo vamos a negar. Ese cielo con su capa siempre blanquecina, ese calor que nunca dura lo suficiente, ese frio que se te mete por los huesos, y sobre todo, ay sobretodo, esa lluvia y ¡esa humedad!

Pero, peeeeeeeeeeeero, todo tiene su punto positivo si quieres encontrarlo. 


Por un lado, personalmente me encanta lo verde y hermoso que esta todo por aquí. Y claro, para que haya estos parques maravillosos, estos bosques fastuosos, estos árboles sublimes y esta hierba tan frondosa, pues tiene que llover, no hay otra. 

Segundo, cuando yo vivía en España y habíamos quedado los amigos y se ponía a llover, pues posponíamos para el día siguiente o cuando fuera, porque sabias casi a ciencia cierta que la lluvia no iba a durar. Sin embargo, aquí si pospones te quedas sin salir ¡un mes! Jajaja, así que he aprendido a seguir con mi vida y mis planes, llueva o no llueva. Y eso me gusta. Ya no dependo del tiempo que haga para nada, porque te inmunizas, te adaptas, te condicionas y tiras para adelante.

De hecho, confieso que si hay temporadas extensas de tiempo seco, hasta echo de menos la lluvia… lo sé, estoy fatal, ¡ya no tengo cura!

Y como prueba un botón: este domingo salimos a comer a un restaurante que está en medio de un lago que está en medio de un parque que está en (el sur de) Bruselas (¿a qué la descripción mola eh?) y la verdad es que nos hizo un tiempo horrible… lluvia, frio y viento… “¡la totale!” 


Sin embargo, ni cortos ni perezosos nos llevamos las bicis de los minis por si paraba de llover un ratito que pudieran pedalear un poco después de la comida. Y aquí está la prueba, a pesar de que lloviznar, lloviznó de continuo, eso no nos impidió ni de disfrutar de una comida maravillosa, ni a los minis de ejercitar con sus bicicletas ¡a toda velocidad!

 
Así que, resumiendo: no negaré que a veces sueño con vivir en alguna isla paradisiaca, pero… ¡el tiempo no lo es todo para ser feliz!

Besos y abrazos J